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domingo, 10 de julio de 2016

Día de Zamora 901





10 de julio de 901.- 

     Se conoce como el Día de Zamora, la sangrienta batalla en la que Ahmad Ibn Muawiya Ibn al-Qitt príncipe omeya, descendiente de Hisham I halló la muerte al intentar conquistar conquistar Zamora.

      Ibn al-Qitt encabezó una rebelión contra el emir de Córdoba, Abd Allah. proclamándose Mahdi (El Elegido). Abandonando Córdoba, al-Qitt se dirigió a Valle de los Pedroches, Sierra Morena y el Guadiana. Se proclamó a sí mismo como el Mahdi destinado a cumplir profecías escatológicas, utilizando magia negra y adivinación para mantener el engaño. Con el apoyo de un oscuro personaje llamado Abu Ali al-Sarray, místico agitador, logró ganarse el apoyo de los caudillos beréberes, que controlaban el centro y el occidente andalusí, las marcas Media e Inferior. Su movimiento se divulgó con rapidez y gran éxito.



                                                              Caudillo musulmán.





     En 901 predicó la guerra santa contra el Reino de Asturias, reuniendo un impresionante aunque irregular ejército de 60.000 hombres y marchó, a través de la antigua Ruta de la Plata, sobre Zamora, conquistada pocos años antes por Alfonso III de Asturias, y cuyas murallas, según Ibn al-Qitt, se desmoronarían tan pronto como se presentara ante ellas. Sus falsas predicciones y milagros reforzaron su prestigio como profeta y provocaron los recelos de sus lugartenientes bereberes, poco dispuestos a seguir apoyando a alguien que, necesariamente, iba a menguar su propio poder, instaurando un gobierno fuerte y poniendo fin a su independencia de facto. Sin embargo, postergaron cualquier plan en aras del objetivo principal: desalojar a los cristianos de su peligrosa avanzadilla en Zamora y tomar un espléndido botín.


                                                   Combate entre moros y cristianos.









     Alfonso III, advertido del avance de al-Qitt, concentró sus fuerzas en Zamora para rechazar la invasión.



         Miniatura del rey Alfonso en el Tumbo A, conservada en la Biblioteca de la Catedral de Santiago.


     Una vez ante Zamora, el omeya sentó sus reales junto al Duero y derrotó en los primeros combates a las fuerzas cristianas, que se replegaron hacia la ciudad. Envalentonado, envió una carta insolente al monarca asturleonés y los suyos para que se convirtieran al Islam o se prepararan para morir. Los líderes bereberes, preocupados por el incremento de la fama de al-Qitt, decidieron abandonarle a su suerte para no perder su ascendente sobre sus propias tribus, haciendo creer el rumor de que había muerto.



                                                            Asedio a una ciudad medieval







      Los cristianos, viendo la desbandada musulmana, decidieron realizar una salida general contra los sitiadores. El líder mesiánico, abandonado por sus tropas bereberes, fue derrotado y capturado en una sangrienta batalla que duró cuatro días según las crónicas. Tras la victoria, se cortaron las cabezas de los caudillos musulmanes y se colgaron en las almenas de los muros defensivos de la ciudad, quedando en la actualidad los posibles testimonios en la fachada sur de la catedral y en la calle Balborraz (nombrada así por existir en el pasado una Puerta de Balborraz, cuya denominación proviene del árabe bab al ras, donde Bab significa puerta y Ras cabeza)

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