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jueves, 21 de marzo de 2013

Acción de Acatita de Baján 1811


21 de marzo de 1811.-



      El ejército insurgente del virreinato de Nueva España,  tras la grave derrota sufrida frente a los realistas en la Batalla de Puente de Calderón huían hacia el norte buscando comprar armas en Estados Unidos. Entre otras cosas, durante la marcha, en la Hacienda de Pabellón,  en Aguascalientes, le fueron suprimidos sus poderes de mando al padre Miguel Hidalgo, en su lugar, quedó Ignacio Allende al cargo de las tropas insurgentes.



La columna de Hidalgo dirigiéndose hacia el norte.

     El ejército insurgente que se dirigía hacia los Estados Unidos; estaba formado por no más de tres mil hombres. Otra parte de la insurgencia se había quedado en Saltillo bajo el mando de Ignacio López Rayón, quien logró escapar al cerco de los realistas y continuar, durante los siguientes años, la lucha en el centro del virreinato.  Los insurrectos se dirigían hacia el norte con: 24 cañones; 14 coches donde viajaban los jefes, eclesiásticos y mujeres; poco más de 300 mulas cargadas con un botín de 22 toneladas en barras de plata, reales y tejos de oro; y decenas de carretas en que transportaban baúles, equipajes, cajas de pólvora y pertrechos; la lentitud, la torpeza y la desorganización con que avanzaban, hubieran sido –como lo fueron en Baján- fácil presa para cualquier cuerpo armado que lo enfrentara.



Apresamiento de los cabecillas insurgentes en Acatita de Baján.

       Mientras se dirigían a San Antonio Béjar, Ignacio Allende recibió la invitación de Ignacio Elizondo, un oficial realista que se había pasado al bando insurgente, de detenerse en las norias de Acatita de Baján para que pudieran reabastecerse de agua. Elizondo les prometió brindarles protección con sus tropas, pero los traicionó y les tendió una emboscada. Únicamente Allende trató de oponer algún tipo de resistencia pero en el intercambio de fuego resultó muerto su hijo Indalecio Allende; ante esto, él mismo se rindió y junto con Miguel Hidalgo, que fue excomulgado y condenado por la Inquisición, posteriormente fue entregado a la justicia real para ser sentenciado a muerte, Juan Aldama, Mariano Abasolo, Mariano Jiménez y muchos otros, fueron conducidos primero al antiguo presidio de la población y luego enviados a Chihuahua donde serían juzgados y posteriormente fusilados, siendo sus cabezas enviadas a Guanajuato para que fueran expuestas en las esquinas de la alhóndiga de Granaditas.


Bandera capturada a los insurgentes en Acatita de Baján y que se conserva en el Museo del Ejército de Madrid. El color azul de la cruz de Borgoña fué elegido por los rebeldes para diferenciarla del rojo de las banderas realistas.



       Durante el juicio,  los líderes insurgentes al ser interrogados admitieron que en caso de no encontrar la supuesta ayuda que buscaban, pretendían abandonar la lucha y permanecer en los Estados Unidos con el enorme botín que transportaban, producto de los robos y saqueos realizados en las ricas ciudades del centro del virreinato.


Fusilamiento de los cabecillas rebeldes.

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