Seguidores

martes, 26 de febrero de 2013

Batalla de Marihueñu 1554.







26 de febrero de 1554.-




       Se produce el enfrentamiento de Marihueñu, Marigüeñu, Marigueñu (del mapudungun; mariweñu) o de la Cuesta de Villagran; enfrentamiento militar entre españoles y mapuches ocurrido en la sierra de Marihueñu, actual Cerro de Villagrán, al sur del río Chivilingo, actual comuna de Lota. Fue una de las mayores victorias militares de los mapuches sobre los españoles durante la Guerra de Arauco. Tras la muerte del gobernador Pedro de Valdivia en la batalla de Tucapel, Lautaro venció en Marihueñu a las fuerzas que Francisco de Villagra había reunido con el fin de conjurar la rebelión mapuche. Villagra estaba resuelto a tomar la ofensiva. De los 216 o 217 hombres que había en la ciudad de Concepción, sacó 154 soldados escogidos, seis cañones, treinta arcabuces y unas mantas de madera o baluartes portátiles, para proteger a los arcabuceros de las flechas y de las hondas de los indios.


Francisco de Villagra y Velázquez, gobernador de Chile.


     Es imposible precisar el número de mapuches que pelearon en Marigüeñu. Los cronistas hablan de cien mil, cifra evidentemente exagerada. Pero no cabe duda de que fué el ejército más numeroso que los araucanos lograron reunir. Lo probable es que no excediera de cuarenta mil y que no bajara de quince mil; entre estas cifras toda estimación es enteramente arbitraria.
Villagra empezó a remontar la cuesta de Laraquete, relativamente suave y baja, bordeada por una espesa selva donde se emboscaron los indios. Iba adelante una descubierta de 30 o 40 hombres al mando de Alonso de Reinoso. Al llegar a la cima, que se extendía como una planicie cortada por un precipicio por un lado y al otro extremo una foresta cerrada fueron atacados por los mapuches obligándoles a retroceder peleando hasta juntarse nuevamente con el grueso.


Mapa de Chile del siglo XVII donde se encuentran las tierras donde se enfrentaron españoles y mapuches




      Una vez que ganó la cumbre, viendo que el número de indios aumentaba, formó sus fuerzas en línea de batalla y emplazó la artillería. El primer grupo de combate de mapuches retrocedió hacia el bosque, después de sufrir grandes pérdidas, y le reemplazó el segundo; a éste, el tercero; al tercero, el cuarto, y asi sucesivamente. Aunque ya tenían algunos muertos y numerosos heridos, a las doce del dia los españoles peleaban todavía bien. Pero a partir de este momento, el calor, el cansancio, la sed y el polvo debilitaron rápidamente sus fuerzas físicas y la constante renovación de los cuerpos de mapuches, que entraban de refresco al combate, quitándoles toda esperanza de vencer, empezó a desmoralizarlos.


Batalla entre españoles y mapuches, según grabado de Gerónimo Bibar del siglo XVII.


        Una embestida más y algunos mapuches lograron penetrar el círculo defensivo español y lazearon al mismo Francisco de Villagra bajándolo del caballo, los mapuches gritaban entusiasmados : -Apo(Jefe)-, Apo...!!.
A costa de mucho trabajo lograron quitarle su preciada presa a los indígenas no sin antes quedar bien aturdido por los incontables golpes de maza que le propinaron los mapuches, dejándole su armadura toda abollada.



Ilustración del poema La Auracana, del siglo XIX que representa un combate entre mapuches y españoles.


       Pasadas las 4 de la tarde aun se bregaba la batalla y los españoles, casi todos heridos y muy fatigados, los caballos ya no respondian a las exigencias de los jinetes. Habían, peleado ocho horas contra fuerzas de refresco, sin tomar un vaso de agua y sin descansar siquiera un momento, mientras Lautaro tenía aún intacta su reserva. En una arremetida mapuche lograron cazar a los sirvientes de los cañones y mataron a sus 20 sirvientes, entonces Villagra dio por pérdida la batalla y resolvió la retirada, pero para su estupor, los mapuches habían cortado el camino dejando sólo una senda que conducía al precipicio, muchos tomaron la senda y perecieron a golpe de una maza o despeñados.


Lautaro, óleo del pintor Pedro Subercaseaux.


      Villagra logró perforar una salida en la emboscada y por ahí se salvaron apenas 66 soldados y algunos cientos de yanaconas aliados, habían quedado 88 castellanos en poder de las eufóricas huestes mapuches, además se había perdido la artillería completa más bagaje y cabalgaduras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario