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viernes, 24 de agosto de 2012

24 de agosto de 1499.-


     Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio, descubrió el Lago de Maracaibo. Se atribuye a ellos el nombre de Venezuela cuando evocaron a Venecia al ver que los habitantes vivían en palafitos sobre el lago y que la gente se trasladaba de un sitio a otro mediante pequeños puentes de madera y en canoas. La ciudad de Maracaibo fue fundada en tres ocasiones.

Mapa de Matacaibo de 1529.

     El origen del nombre Maracaibo es controvertido Algunos historiadores se limitan a mencionar que al momento de la primera fundación de la ciudad, Ambrosio Alfinger escogió el nombre de "Maracaibo" o "Maracaybo" en honor de un "indio principal" o cacique de la zona de la desembocadura del lago.Otras fuentes le atribuyen a este personaje un gran liderazgo y una importancia emblemática en la regiónse conoce poco de los primeros habitantes de suelos marabinos, no quedaron indicios que permitan conocer cómo fueron, sólo se sabe de unos pobladores que fueron desalojados por los aborígenes que encontraron los españoles en su llegada de conquista a América. Se cree que había presencia de numerosos grupos en la cuenca del lago y sus alrededores, parte de las grandes familias Caribe, Chibcha y Arahuaca, los cuales vinieron de varias regiones de lo que hoy es América,  tiempo en el cual los palafitos eran característicos de la población indígena de Maracaibo, y el Zulia en general.con una cultura adelantada a la del resto de los indígenas de Venezuela, y los caribes, raza feroz, con numerosos guerreros y navegantes.


Alonso de Ojeda, Cuenca 1466- Santo Domingo 1516.

     Aquí en Maracaibo, Ojeda tomó por esposa a la india Guaricha, a quien llamó Isabel, madre de sus tres hijos. Poco tiempo después de la muerte del navegante, Isabel fue hallada muerta sobre la tumba de éste, en Santo Domingo.


24 de agosto de 1821.-

      Se firma en la ciudad de Córdoba, Veracruz los Tratados de Córdoba, que son los documentos en los que se acuerda la independencia de México. Fueron firmados por Agustín de Iturbide, (comandante del Ejército Trigarante) y por Juan O'Donojú  (jefe político superior de la Provincia de Nueva España) pero que no contaba con poderes ni autorización del gobierno español.

Juan O´Donojú (Sevilla, 1762-Ciudad de México, 1821).

      El texto está compuesto por diecisiete artículos que representan una extensión al Plan de Iguala.  Dicho acuerdo fue rechazado por el gobierno de España. En dicho tratado se reconoce a México  como monárquia constitucional y moderada. En primer término la corona independiente mexicana se ofrecía a la familia de Borbón, en primer lugar a Fernando VII  de Borbón, y no presentándose en México en el término que su congreso lo señalara para prestar juramento, serían llamados en su caso sus hermanos, los infantes Carlos María Isidro de Borbón, Francisco de Paula de Borbón, o su primo el Archiduque Carlos de Austria-Teschen, este último hijo de María Luisa de Borbón y nieto de Carlos III de España  u otro individuo de casa reinante que determinara el congreso; en caso de que ninguno de éstos aceptase la corona del Imperio mexicano, las cortes imperiales designarían al nuevo monarca mexicano, sin especificar si debía pertenecer a alguna casa reinante europea o si podía nombrarse a cualquier mexicano.


Tratados de Córdoba, Veracruz.

     Cabe imaginarse lo que hubiera supuesto para España y América la aceptación de dicho Tratado, en primer lugar, España hubiese podido contar con un Estado vinculado a la monarquía hispánica.  En caso de no haber aceptado la corona el mamarracho de Fernando VII, ésta hubiese pasado a su hermano Carlos, con lo que España se hubiese ahorrado casi un siglo de guerras carlistas, que mientras Europa estaba desarrollando su revolución industrial, en España estábamos matándonos los unos a los otros, sin desarrollar más industrias que el odio hacia el vecino, la provincia vecina o la región adyacente,  sin cuidar campos, fábricas, y dejando perder en una guerra absurda toda América, cuando era más lo que nos unía que lo que nos separaba, y todo para alimentar el absolutismo del fantoche de Fernando VII " el deseado".

Firma de los tratados de Córdoba.

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